Wiki Amnesia: The Dark Descent
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El Escolta es la quinta historia corta de Recuerdos - Amnesia The Dark Descent. Fue escrita por Mikael Hedberg e incluye ilustraciones de Rasmus Gunnarsson & Jonas Steinick. La historia toma lugar el 2 de agosto de 1839 y esta enfocada en Gabriel, el Escolta, quien persigue a una misteriosa criatura que secuestro a un gato de Altstadt.

Argumento[]

Gabriel trabaja como escolta comprobando los caminos de los carruajes que llevan pasajeros. Él escolta un carruaje que lleva un Inglés a Altstadt, la cual es su pueblo natal. Al llegar a Altstadt el Inglés, Daniel, se hospeda en la posada local mientras Gabriel habla con el joven posadero, Jakob. Al hacer esto, ambos escuchan fuertes sonidos y son testigos de como una criatura encapuchada secuestra al gato local, Tinker. Gabriel toma su rifle y le da caza. En los bordes del bosque, él pierde a la criatura pero el tonelero local escucha la conmoción y da a Gabriel un farol. Gabriel continua hacia el bosque, encuentra a la criatura y le dispara, haciendo que este suelte el saco con el gato dentro, pero es incapaz de matar a la criatura que huye hacia unas cuevas. Gabriel continua la caza y es capturado por la criatura, aunque consigue liberarse e incendiarla golpeándola con el farol. Mientras Gabriel se aleja de la cueva, puede escuchar como muchas otras criaturas iguales se acercan desde dentro de la cueva.

El Escolta - Historia Corta Completa en Español[]

Gabriel miro detrás de él para ver como el carruaje era conducido a través del sinuoso camino boscoso. El viaje había sido largo y las últimas pocas millas lo habían sido aún más. El inglés había rentado el carruaje para partir desde Bremen a Altstadt cerca del borde de Prusia del Este. Las expectativas no habían entusiasmado al conductor, pero fue convencido cuando el hombre continúo ofreciendo más y más dinero. Gabriel trabajaba como escolta, él seguía los carruajes a caballo, ayudaba explorando caminos y manteniendo la paz. De la misma forma que el conductor, también había titubeado de embarcarse en tan largo viaje. Al final, fue el destino el cual había persuadido a Gabriel de ir tan lejos. Descartando todo pueblo, el inglés había elegido la ciudad natal de Gabriel, la pequeña aldea conocida como Altstadt.

“Esta justo delante.” Gabriel volvió a gritar al carruaje.
“La veo, inglés, te dije que lo conseguiríamos antes del anochecer.” Reía el conductor.

Gabriel miro hacia el cielo oscuro. Se estaba cerrando. El ardiente horizonte rojo era todo lo que quedaba y pronto se apagaría también. Esperó que el carruaje pasara y lo siguió hacia el pueblo.

Jakob estaba lejos de ser un hombre, aun así, ya trabajaba de forma estable en Der Muhle, la única posada en el pueblo. Altstadt nunca fue particularmente concurrida, incluso en los días de comercio, Jakob pasaba bastante tiempo estando aburrido. Él caminaba a través de la plaza del pueblo hacia el pozo de la comunidad. Un gato negro estaba sentado en una piedra en mal estado y se esforzaba por ver a través de la oscuridad debajo.

“Hola, Tinker, ¿Has encontrado algún ratón últimamente?”

El gato no se inmuto por la presencia de Jakob y continúo mirando hacia el pozo. Jakob suspiró y acarició el liso pelo del gato. Repentinamente, escucho en la distancia el ruido de traqueteo de un carruaje tirado por caballos haciendo que se emocione.

“¡Alguien viene!” gritó hacia la posada.

El carruaje trono hacia la plaza y se detuvo frente a Der Muhle. El conductor tiro del freno y bajó de su asiento, estirando su agobiado cuerpo con gran dolor, y girándose para abrir la puerta.

“Inglés.” Dijo él, “hemos llegado.”

Salió un hombre delgado y considerablemente cansado. Él murmullo e hizo gestos hacia el equipaje.

“Permítame, señor.” Refunfuño el conductor y bajo el equipaje.

Jakob tiro de las correas de cuero y desabrocho los caballos del carruaje, pronto se dio cuenta de que el escolta junto al carruaje se había detenido para tomar algo de agua del pozo. Jakob dejo los caballos y camino hacia el solitario escolta.

“Gabriel, ¿Realmente eres tú?”
“Es bueno volver a verte, Jakob.”
“Comenzaba a pensar que nunca regresarías. Ha pasado más de un año.”

El posadero salió a dar la bienvenida al inglés y se aseguró que todo estuviera en orden. Sintiendo los ojos de su maestro sobre él, Jakob saltó a la acción y se apresuró en llevar los caballos hacia el establo.

“Ven dentro y toma algo para beber y comer.” Dijo el posadero. “Tú también, Gabriel.”

La luz del día había pasado y Jakob finalmente había terminado. Exhausto, se sentó en el suelo frente a la entrada. Había tenido un buen día después de todo y mañana sería aún mejor. Conductores, escoltas, y sin mencionar a los visitantes, quienes siempre tenían de las mejores historias. Cuando ellos hubiesen descansado él lo escucharía todo.

Tinker, el gato negro, paso frente a él.

“Hey, Tinker, ven aquí… ven aquí Tinker.”

El gato negro miro a Jakob y entonces continuo su camino hacia la iglesia.

“No eres divertido.”

Gabriel camino fuera de la casa de huéspedes y se sentó junto a Jakob.

“¿Aún estás despierto?”
“Los caballos toman tiempo.” Respondió Jakob.
“Toma.” Dijo Gabriel y le dio una manzana.
“Gracias. Sabes, no tenemos este tipo de manzana por aquí. Las únicas que tenemos son duras y ácidas.”
“Entonces, deberías plantar las semillas luego de que te la comas.”

Jakob lo miro por un momento, sonrió, y se la guardo en su bolsillo.

“Quizás.”

Jakob se puso de pie y se sacudió el polvo de sí mismo. Tomo una piedra y la arrojo al aire en dirección al pozo. Gabriel río de satisfacción y tanteo su chaqueta en busca de su reloj de bolsillo. El inglés se lo había dado luego de que llegara a la conclusión de que estaba roto.

Gabriel quería repararlo, pero sabía que era poco probable que pudiera conseguirlo. Era un buen reloj incluso aunque él no pudiera imaginarse porque tenía el nombre “Herbert” grabado. Estaba bastante seguro de que el nombre del inglés era Daniel.

Un terrorífico aullido conmociono a ambos. Quienes se giraron hacia el violento siseo.

“¿Tinker?” Dijo Jakob y camino hacia la iglesia.
“Malditos gatos.” Gabriel limpió su frente, puso el reloj de regreso a su bolsillo y se puso de pie solo para escuchar a Jakob gritar a alguien.
“¡Hey! ¡Tú! ¿Qué estás haciendo?”

Gabriel se acercó y vio una figura oscura meter al gato negro en su saco.

“¡Déjalo ir!” Grito Gabriel.

La cosa balanceo su brazo hacia Jakob y lo ataco haciendo que caiga al suelo. Gabriel corrió hacia Jakob, la sangre goteaba de su nariz y apenas estaba consciente. Esa cosa luchaba por mantener al gato negro dentro de la bolsa arpillera, estaba vestida con una gran capa y apestaba a clavo y sabia. Gabriel se encontraba viéndola, de alguna manera parecía irreal.

“¿Quién eres?” Dijo.

Aquello se levantó y estiro sus extremidades manteniendo su rostro aún escondido por la capa, aunque los moldes de sus manos fueron revelados ante la luz de la luna de plata. Lucían retorcidos y anti-naturales, como si los huesos hubieran crecido más allá de lo que la naturaleza permitía.

“¡Whiiiil!” Grito hacia la noche.

El aplastante grito despertó a Gabriel de su aturdimiento y tomo a Jakob por la mano para atraerlo y llevar al joven hacia los establos. Gabriel dejo al chico sobre el heno, tomo el rifle que dejo en el carruaje, y regreso hacia la plaza. Eso había desaparecido, pero Gabriel sentía la necesidad de enfrentarlo. No podía dejarle ir dado que le recordaba demasiado a la cosa que su padre había perseguido.

Gabriel regreso frente a la iglesia donde había lo había confrontado. Una débil fragancia permaneció combinándose extrañamente con la hierba. Lo siguió por uno de los lados de la iglesia y se detuvo a escuchar.

Un repentino grito del gato negro dio a Gabriel el sentido de la dirección e inmediatamente comenzó a correr. Paso la última casa y salió a un pequeño pasto que separaba Altstadt del bosque. La cosa caminaba en la oscuridad arrastrando los pies a través del suelo irregular.

Mátalo antes de que escape hacia el bosque, grito en su mente. Gabriel levanto su arma, apunto y disparo. La reserva del rifle dio el culatazo hacia su hombro. La ráfaga de la bala cruzo el pasto y golpeo en uno de los pinos.

Herr Zell, el tonelero, se había asustado al escuchar el disparo fuera de su casa, por lo que tomo su farol y salió afuera, donde solo había un hombre de pie en el pasto con un rifle a su lado.

“¿Qué está pasando aquí fuera?”

Gabriel se giro hacia el poblador asustado. ¿Qué podría decirle? ¿Decirle razonablemente que había visto un monstruo de su pasado?

“Es esa cosa, ¿Verdad?” Zell se estremeció. Gabriel exhalo, aliviado y regreso la mirada al bosque.
“Solo viene de noche. Es una de esas almas perdidas. Se llevan a los animales. Los recolectan.”
“Lo he visto antes. Hace mucho tiempo, cuando era un niño.” Dijo Gabriel. “¿Realmente hay más de uno?”

Zell pareció tener alguna reflexión.

“¿Quién sabe? Quizás sea solo uno.” Se imaginó Zell.

Gabriel miro hacia el cielo iluminado y entonces regreso la vista hacia el bosque oscuro cruzando el pasto.

“¿Podría usar tu farol?”

Gabriel corrió a través del bosque. Ya estaba preparado para lamentar su decisión. Seguía los pasos de su padre, y él lo sabía. Fue él quien llevaba el farol esa noche y vio los pasos hacia la oscuridad de la que nunca regreso.

Gabriel vadeo a través de un arroyo poco profundo junto a un barranco, escalo el lado rocoso y continúo adentrándose en el bosque. Repentinamente vio a la cosa con una bolsa arpillera cambiándolo de lado a lado. Se dirigía hacia la entrada en una cueva. Gabriel se atrevió a dar una cautelosa sonrisa de triunfo. Preparo su rifle de nuevo y apunto.

El disparo hizo eco a través del silencioso bosque. La cosa se encorvo hacia atrás con dolor y soltó la bolsa arpillera. Tinker, el gato negro, salió desordenadamente del saco y saltó hacia la seguridad de un árbol cercano. Gabriel miró con atención desde la distancia, esperando a que la cosa caiga. Pero no lo hizo.

En su lugar, la cosa camino arrastrando los pies hacia la cueva. Gabriel maldijo en voz baja para sí mismo y se forzó a seguir. Tembló por el miedo y el frio del agua la cual había empapado sus piernas dado que había cruzado el arroyo. Intento controlar su respiración, pero no podía y el aire le hacía tartamudear.

Dado que se estaba acercando, se dio cuenta de que la cueva estaba creciendo. Lo que sea que esa cosa fuese no importaba, él encendería la cueva con fuego. Miró a Tinker posado en la rama sobre él. El gato negro parecía tratar de ver a través de su alma, instando a que tome venganza. Gabriel miro dentro. La cosa herida tomo una antorcha de un recipiente metálico que estaba sujeto a la pared de la cueva. Gabriel pudo ver que ese túnel contenía muchas más antorchas, pero que solo una estaba encendida. La terrible cosa giró y miro directamente hacia Gabriel, quien estaba paralizado por su presencia. Repentinamente arrojo su antorcha, e hizo una rápida embestida a Gabriel, empujando sus huesudos dedos hacia el pecho de Gabriel y levantando su cuerpo. Él grito de dolor y tiro de la capa de su atacante. Y con un cruel giro del destino, Gabriel revelo el rostro oculto de la cosa. Su piel se había separado de la carne y caía como la cera caliente de una vela sobre el cráneo deforme.

Gabriel en pánico, le dio una patada, y golpeo el farol contra la cara del monstruo. El farol se rompió, fragmentos de vidrios llovieron sobre ambos, y el aceite se vertió sobre el monstruo.

Gabriel cayó al suelo y miro al monstruo luchar con el fuego, el cual se había extendido a todo su cuerpo.

Luces parpadeantes se acercaban desde dentro del túnel. Habían muchos más de ellos. Gabriel dejo escapar un grito desesperado, salió gateando de la cueva y corrió tan rápido como sus heridas le permitían. Huyo a través del oscuro bosque, regresando a Altstadt. Cuando alcanzo el arroyo se detuvo y sintió la locura quemar sus sentidos. Tropezó en el agua y se sumergió. El agua fría lo calmo. Estaba a la deriva boca abajo en el agua, permitiendo gentilmente que la corriente empujará su cuerpo.

Podía terminar todo, pensó. Si permanecía de esta forma, todo se alejaría. ¿Es así como termino su padre? Quizás él no pudo matar a ese monstruo. Quizás él atestiguo el horror, huyo, y se mató. Gabriel se giró sobre sí mismo y continúo flotando sobre su espalda. Orion, el Cazador, trazó en el cielo estrellado sobre él. Gabriel se negó a unirse a su padre y se empujó a sí mismo a salir de las oscuras y frías aguas.

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