Wiki Amnesia: The Dark Descent
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A mi estudiante y amigo más leal Johann Weyer.

Lo más extraordinario me sucedió mientras viajaba por los bosques prusianos este verano. Finalmente encontré uno de los orbes que he estado buscando durante los últimos veinte años. Es tan inexplicable como lo describía el Heliodromus en Hortus Conclusus. Era como se decía, un templo mitraico subterráneo coronado por el artefacto sobrenatural. El orbe era lo bastante grande para llenar mis manos ahuecadas y su textura era suave e irregular, su color pálido aunque intenso. No se puede comparar con nada para describir su naturaleza. Era imposible, una paradoja artificial capturada en piedra.

Estaba alojado en una aldea cercana llamada Altstadt, investigando uno de los antiguos senderos, cuando finalmente encontré la caverna. Entré y de repente pude comprobar la veracidad de la existencia de estos enigmáticos artefactos: eran reales.

Como comprenderás, éste es el descubrimiento más importante de mi vida, pero también se ha convertido en mi mayor temor. Mientras accedía a la cámara subterránea, pude sentir que estaba entrando sin autorización. Debido a mi curiosidad, hice todo lo que pude por luchar contra esos instintos y extraje el orbe de su sitio. Salí de la cámara y me adentré en el bosque. Pude sentir algo que me seguía, aullaba fuerte mientras se acercaba. La bestia, el guardián del orbe, me perseguía sin tregua.

Fui hasta un barranco próximo donde me encontré con algunos hombres que pescaban en el lago. Intenté advertirles mientras pasaba, pero lamentablemente se quedaron mientras continuaba mi huida. Cuando oí el eco de sus gritos de dolor por el valle, sentí un enorme alivio al pensar que estaba salvado.

De pronto, una brillante luz azul me envolvió y los colores del bosque se desvanecieron ante mis ojos. Seguí corriendo por los sombríos alrededores, los árboles se habían convertido en carbón negro con hojas de ceniza, la tierra se cubrió de agua turbia. Seguí adelante por la tierra empapada mientras las brasas daban paso al cada vez más fuerte viento y llovió sobre mí. Podía oír los gritos suplicantes en la lejanía y me uní a ellos al embargarme el dolor y el miedo. Caí al suelo respirando con dificultad.

Seguro que esto debe sonar extraño, pero había sido transportado a muchos kilómetros a través de los Alpes a un campo cubierto de hierba a las afueras de Génova. El guardián me había quitado el orbe, pero aún ahora tengo miedo de que vuelva. A veces yazgo despierto por la noche esperando oír los alaridos que escuché en el bosque. Ya ha pasado casi una década desde ese día y aún no había podido escribir sobre el incidente.

La última vez que hablamos, me mencionaste tu interés y la investigación que estabas llevando a cabo sobre los orbes míticos y comprendí que debía contarte la verdad sobre mi visita a Altstadt.

Tu amigo y mentor,

Heinrich Cornelius Agrippa

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